lunes, 13 de febrero de 2012

El último libro

Hace unos días me dijeron: "me gusta como escribes, pero me gustaría más si escribieras acerca de ti, de como te sientes, y no solo de lo mal que va el mundo" Y me puse a ello. Como un niño al que le mandan tarea en el colegio y con la lengua medio asomando por un lateral de la boca, demostrando gran concentración, inicié una serie de borradores que no terminaban de llegar a nada. "Hola! Hoy estoy bien con el mundo y conmigo mismo, y... y..." arggg!!!  "Hola, hoy estoy en el mundo conmigo mismo, y bien... y..." bleeerg!!!  Hola, hoy estoy en el mismo mundo, conmigo¿Bien?" A LA MIEEERD! Soy lo que escribo, sin más. Si alguien quiere saber como me siento, no necesita que le dedique una "oda a mi yo interno", es tan fácil como leer cualquier cosa que escriba. De hecho, soy un escritor paupérrimo, incapaz de no impregnar mis letras con mi sentimientos. Quizás con los años aprenda a separar mi proceso de creación de mi estado anímico. Pero está claro que ese momento no ha llegado aún. Podría decir que mi tinta es mi sangre y mi pluma mi corazón...si no fuera porque ya nadie escribe como antaño, con su boli del todo a cien y su libreta de espiral de las de toda la vida (decididamente la tecnología es la tumba del romanticismo) Esta fue la conclusión a la que llegué después de pensar acerca de como escribo. Y fue esa misma reflexión la pista sobre la que aterrizó otro pensamiento que ya llevaba algun tiempo acechándome...  Hay quien parece que sigue escribiendo a la antigua usanza, alguien en cuyos escritos podemos ver renglones torcidos y tachaduras. Alguien cuya prosa se va hilando gracias a fallos, rectificaciones, borrones y cuentas nuevas. Semejante metodo habría de generar un texto sucio, un galimatías con multitud de garabatos apenas legible, y sin embargo, en su conjunto, cada error, cada tara, lejos de confundir al lector, le proporciona una inestimable ayuda para la comprension profunda de lo que está leyendo. El escrito al que hago referencia, como supongo habreis deducido, no es otro que el libro de la vida. El autor... quien sabe. Algunos dicen conocerlo bajo alguno de sus innumerables seudónimos. Otros sostienen que se trata de un texto anónimo. Independientemente de nuestro credo o religión, algo parece emerger por encima de toda duda: ya sea individual o colectivamente, ha sido la dinámica de equivocarnos y seguir adelante... de caernos para volver a levantarnos, lo que hace que este libro sea tan apasionante. Lento en algunos pasajes, vertiginoso en la mayoría... con finales felices, tristes... a veces previsibles, a veces inesperados. Un libro en el que todos somos protagonistas y que ayudamos a redactar día tras día. Dicen que cuando no te gusta tu vida, tienes que hacer lo posible por cambiarla. Yo digo "escribe tu vida a diario, tacha, borra, reescribe... y si sigue sin gustarte el resultado, ten en cuenta que, al fin y al cabo, solo estás ante un capítulo de muchos por llegar".

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